lunes, 7 de junio de 2010

El Aprendizaje y el Desarrollo de las Competencias.

de Xavier Vargas


Preguntas Problematizadoras y sus Respuestas


Competencia.- donde identifica la competencia académica (formación educativa) y la competencia operativa(mercado de trabajo).
Nos dice que en la competencia operativa, las instituciones educativas se vuelven simples reproductoras de las necesidades empresariales y se fomenta el individualismo, una formación automatizada y eficiente para ganar.
En la competencia académica se asume una formación inteligente y ética para servir, enfatizándose el aprendizaje personal y en colaboración, tomando en cuenta el factor humano y social.
Cuestiona y concibe la noción de competencia en un sentido más amplio y profundo que aquel que ofrece su origen operativo y empresarial. Donde incorpore la dimensión colaborativa y humana a fin de fomentar un cierto espíritu comunitario aún en el ámbito del trabajo y la empresa
Expresa su preocupación por el carácter anti-reflexivo y anti-conceptual que la noción de competencia parece estar fomentando en el ámbito educativo. En el que se concentra en la operación del mundo(en la acción, en cómo hacer las cosas) pero sin comprenderlo.



Capacitar y Educar.- capacitación que tiene una connotación empresarial y educar netamente académica, se pregunta si capacitar y educar son realmente cosas distintas y el por qué: “ en que estriba la diferencia que hace a los académicos alejarse de la capacitación para atrincherarse en la educación, al mismo tiempo que a los empresarios alejarse de ésta para atrincherarse en aquella?”
Nos dice que este tipo de problemas deben ser examinados y comprendidos suficientemente por los académicos antes de lanzarse a modificar y operar nuevos planes de estudios fundados – a veces sólo discursivamente- en el desarrollo de competencias.



Aprendizaje.- se acepta en el mundo académico en general la idea de que el aprendizaje significa fundamentalmente que el estudiante incorpora a su acervo personal unos nuevos contenidos.
Pero dejando fuera el proceso de autoconstrucción de sí mismo.
Si los estudiantes pueden reproducir los contenidos en los términos que el maestro dice haberlos mediado, se da por exitoso el proceso; en el que poco importa la modificación estructural y por tanto personal ocurrida en el estudiante como consecuencia de esa relación educativa; y se pregunta: “¿En qué examen final, de prácticamente cualquier materia universitaria, se analizan y reflexionan los cambios estructurales y personales ocurridos en los estudiantes en tanto seres humanos por encima de los contenidos programáticos?” En una clase de comunicación el examen final contendrá preguntas a propósito de unos contenidos de comunicación vistos en clase, de ninguna manera y en ningún caso habrá ahí pregunta alguna respecto de los cambios ocurridos en las formas de comunicación del estudiante en tanto persona. Y se vuelve a preguntar: “¿el aprendizaje es algo tan absolutamente trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?. No negamos, en absoluto, que unos determinados conocimientos se hicieron presentes en el espacio de esa relación de enseñanza-aprendizaje, pero sospechamos que la naturaleza del aprendizaje, como realidad existencial humana, está aquí totalmente trivializada.” Sabemos que al aprender, el ser humano se transforma, si no fuera así, la evolución y la civilización no se explicarían; entonces ¿por qué cuando se habla de aprendizaje el énfasis educativo está puesto en los contenidos y en el proceso de enseñanza-aprendizaje y no en la identidad personal y el proceso de transformación del sujeto? En este sentido, nuestra sospecha va más allá de sólo poner en cuestión la noción de mediación. Creemos que, al aprender, el ser humano está optando por una forma concreta de apropiación de la realidad, del mundo. Reconocemos que al aprender, el ser humano almacena determinados datos, pero no creemos que eso constituya propiamente el aprendizaje. ¿Qué es entonces lo que realmente lo constituye? Si es el estudiante quién aprende y lo que aprende lo construye él mismo, ¿por qué hablar de mediación? Evidentemente el maestro actúa comunicacionalmente de una determinada manera que según él, media el proceso de aprendizaje del estudiante, ¿pero qué es lo que media? Los conocimientos ciertamente no, porque éstos están siendo construidos por el propio estudiante.



Aprendizaje significativo .- Algunos autores consideran que el aprendizaje no significativo es aquel que solo es discursivo y memorístico. ¿por qué hablar de aprendizajes significativos como algo que hay que conseguir? ¿No es acaso todo aprendizaje, de facto, por serlo, un aprendizaje significativo? ¿Es posible el aprendizaje no-significativo? Y se pregunta: “¿no es el número de teléfono de una posible cita para un adolescente un dato estrictamente discursivo que ha sido almacenado memorísticamente, y al mismo tiempo ser un dato sumamente significativo? ¿Este dato constituido por apenas 8 dígitos es pura información numérica? ¿Es conocimiento? ¿De qué tipo? ¿Este dato numérico, al haber sido obtenido y memorizado, produce en alguna medida una transformación estructural y personal en el adolescente que nos ocupa? ¿En qué consiste pues que un dato tan simple se convierta en un aprendizaje significativo?
Ahora bien, si aquello que da significado al aprendizaje tiene que ver con la sobrevivencia del sujeto, con el desarrollo del sí mismo, o con la potencialidad cognitiva de los viejos esquemas de entendimiento que permite asimilar los nuevos, no vemos por qué sólo la acción humana pueda abrogarse el atributo de producir aprendizaje significativo descalificando el poder cognitivo del discurso. ¿No será que la convivencia y a veces el sincretismo ideológico de los enfoques activos de la educación nos han hecho olvidar la profundidad con la que el lenguaje hablado y escrito ha permitido heredar y desarrollar, generación tras generación y a través de toda la historia de la humanidad, un gran porcentaje de los significados que le son relevantes al ser humano? ¿Es realmente el discurso verbal un instrumento educativo tan inapropiado? No negamos las virtudes de la acción y del poder que tiene para promover la construcción del conocimiento significativo al poner en contacto directo el aparato cognitivo con los hechos mismos de la realidad, pero abrigamos la sospecha de que esta postura, llevada al extremo, pierde de vista otros elementos fundamentales. El discurso magisterial en el aula no nos parece que sea en sí mismo una aberración educativa.



aprendizaje situado.- En este sentido y quizá por las mismas razones, cuando en las universidades se trabaja en el diseño de nuevos planes de estudio y se incorpora a ese esfuerzo la noción de aprendizaje situado, se hace de forma muy restringida, es decir, entendiendo por situación de aprendizaje el ubicar los procesos mismos de enseñanza-aprendizaje de unos ciertos contenidos  de aquellas realidades que permiten la acción y a través de las cuales se pretende desarrollar unas determinadas competencias. La idea educativa bastante generalizada de que el aprendizaje sólo puede producirse en la acción y el desmesurado peso específico que se le ha otorgado al desarrollo de las competencias como panacea de eficiencia operativa, enfocan e iluminan la realidad misma en cuanto que es el lugar donde acontecen los problemas que se quieren resolver, obscureciendo así, creemos nosotros, otros aspectos fundamentales del concepto situar.
¿Qué aprendizajes y qué competencias podría desarrollar un estudiante de secundaria que teme volar en avión si se le sitúa dentro de la cabina de un Boing 747 y se le pide que lo haga despegar y lo lleve a 16,000 m de altura? Sin duda, en este caso, las estrategias de aprendizaje están situadas en una realidad problemática concreta, sin embargo no están situadas cognoscitivamente dentro de las posibilidades reales del estudiante, y ciertamente tampoco dentro de su interés personal dado su temor a volar. Luego entonces, parece que cuando hablamos de situar el aprendizaje, hay, además del lugar concreto donde se puede acceder a los problemas, otras realidades de distintos tipos que deben ser consideradas como parte fundamental de ese sitio donde se ha de ubicar el aprendizaje. No todo sitio, cognoscitivamente hablando, es un lugar físico y concreto, ni la acción humana es simple actividad.



¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede
observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos
cualesquiera?



No, es mucho más complejo, pero generalmente se hace así; aunque esta idea está cambiando paulatinamente y se piensa más en una educación integral, en la que se toman en cuenta muchos más factores que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje



Concepciones de Aprendizaje

de Pere Marqués


Al leer las concepciones, creo que todas son aplicables al modelo por competencias, pienso que engloba a todas y cada una de ellas en mayor o menor medida según las características que presenten los jóvenes, en su desarrollo, formación y actitudes.



Perspectiva Conductista.- puede que a algunos no nos guste en estos tiempos de modernidad pero, en realidad muchos jóvenes no tienen hábitos de estudio o de disciplina. De ejercitarse física o mentalmente, muchas veces les da “pereza mental” o “pereza física”. Me parece una manera de “entrenamiento” para que adquieran hábitos, costumbres, valores, etc. Mucho depende también de cómo se aplique.



Teoría del Procesamiento de la Información.- nos dice que en los procesos de adquisición de conocimientos tomamos lo que consideramos útil y se almacena en nuestra memoria de manera temporal, cuando este es empleado con frecuencia es entonces cuando se almacena de manera definitiva y se le relaciona con otros conocimientos.


Aprendizaje por Descubrimiento.- me recuerda a cuando un bebe va descubriendo lo que le rodea, cuando es pequeño(pocos meses) no sabe lo que hace, no sabe si está bien o mal, de medir distancias o pesos, ni de controlar su propio cuerpo, luego va creciendo, desarrollando sus sentidos y asociando lo que le rodea, de repente se da cuenta de lo que es el frío o el calor, de cuando hace algo bien o mal, su capacidad de asombro o de comprender va cada vez en aumento, aprende pues de manera directa con su entorno. Lo importante aquí sería que al crecer no perdiéramos esa capacidad de asombro, de “curiosear” o descubrir y comprender lo que nos rodea, no cayendo en la rutina del aburrimiento.



Aprendizaje Significativo.- va más conforme con el pensamiento actual de los jóvenes: “¿Y esto para qué me sirve?” Suelen preguntar, llegando al punto donde aprender un conocimiento les resulta de fastidio o pereza sino encuentran el gusto, motivación o interés por aprenderlo. Esto me lleva a pensar que su significancia depende de los intereses de los jóvenes: música, deporte, tecnología, ciencia, etc.



Psicología Cognitivista.- basada en otras teorías, toma en cuenta las emociones, el estado de ánimo en el proceso de aprendizaje. Las emociones nos pueden dar motivo a buscar una solución de una necesidad o que un conocimiento nos impresione y se nos grabe asociado a sentimientos( u a otro sentido).



Constructivismo.- un avance en el aprendizaje por descubrimiento, se considera la capacidad del alumno y el error como paso al aprendizaje. A veces se aprende más por los errores que se comenten que cuando todo sale sin contratiempos.



Socio-Constructivismo.- el aprendizaje por equipo y social. Considera el lugar donde se aprende como importante.
Generalmente la idea de hacer equipo es:
• Dividir el trabajo entre varios para aligerar la carga
• Cubrir las deficiencias o carencias entre sus integrantes
En este nuevo enfoque: compartir ideas, saberes y que cada uno aprenda según su capacidad y ritmo.



Comentario final:
Considero que son complementos que cubren elementos para alcanzar la concepción por competencias. Que no podemos desechar como “algo pasado de moda” sino quizá modernizar y emplear de acuerdo a las características que presenten los alumnos (muchas veces los alumno no se comportan igual estando solos que en grupo, que en su casa o la escuela, etc.), el entorno, etc.

sábado, 8 de mayo de 2010

Lo Que Mis Estudiantes Saben Hacer

Lo Que Mis Estudiantes Saben Hacer

al investigar que saben hacer mis alumnos en internet descubri que conocen de muchos programas para pc y celular, sobre todo de manejo de redes sociales, intercambio de música, imágenes, etc.
estos fueron los programas que en su mayoría mencionaron conocer o dispuestos a enseñar a sus compañeros de aula:

Como reservorio
Google, yahoo, youtube, twitter, ares, descarga de juegos para celular o pc, hacer tareas, wikipedia para hacer tareas, noticias, deportes,

Como espacio social
Chatear, metroflog, Hi5, facebook, hotmail, conocer personas de otros paises, promociones, compra de productos en línea, mercado libre México, Ebay, ocio.

1) lo que nuestros estudiantes saben hacer en Internet;
saben hacer consultas para tareas, subir imágenes, crear cuentas en diferentes tipos de programas para sociabilizar o comunicar.
2) ¿qué podemos hacer para aprovechar esos saberes en el aula?
Podemos aprovecharlo para encargo de tareas, o que los jóvenes suban sus tareas,
3) ¿quién van a enseñar a quién y qué le enseñará? y ¿dónde lo harán?
Conocen de muchos programas para chatear o crear perfiles sociales, entre ellos mismos se ponían de acuerdo de quién les enseñaba a quienes sobre un tal programa, y casi siempre escogieron hacerlo en casa o en un cyber.
4) nuevos usos no aportaron ideas nuevas (comentaron sobre promociones, amenazas, y otras más que ya se hacen)

¿Cómo percibo mi docencia?

Desde el 2006 que ingrese al sistema como docente he adquirido algo de experiencia como tal, apuntare los aspectos que me vienen a la mente en como la he percibido.

Me he manejado en la enseñanza en niveles de dificultad desde el nivel bajo, medio y alto, con distintos subniveles, esto tomando en cuenta lo que hay en la escuela, sondeando el grupo de alumnos, a mi mismo(ingresos, tiempo, mis roles:asesor, tutor, y así), estas circunstancias y otras me marcan la pauta a seguir.

En ocaciones, los alumnos no saben de modelos educativos, aprenden, vienen como Dios les da a entender, y uno tiene que hacer algo al respecto.

En muchas ocaciones, los alumnos eligen la carrera de técnico en informática por que creen que es menos trabajo “¿para que cuidar vacas o alimentar cerdos, si eso hago en casa todos los días?”,es decir, no hay un intéres real por la carrera, al poco dicen “que aburrido”, “¿esto para qué?” , “es solo una moda” y comentarios de ese estilo, aún así hago lo posible por inculcarles el gusto por la informática que esto les va a servir “estudien lo que estudien sea biología, física, doctores, se van a topar con las computadoras, aprendan a utilizarlas”, les digo.

A veces, los alumnos están apáticos, desganados luego de salir con un maestro o un exámen, entonces no puedo ponerlos a trabajar y es buen momento en que aplico alguna dinámica grupal o está surge de manera espontánea.

En general, durante la enseñanza así como los alumnos son diferentes entre sí, cada grupo es diferente mi trato también suele cambiar según esta circunstancia. Así les hago reir, enojar, discutir, tomar decisiones.

A veces surge más liderazgo en alumnos que no son jefes o subjefes de grupo. Así como que en el grupo de alumnos existen subgrupos o división entre ellos.

La mascota de la escuela (una ardilla) la incluyo en mis trabajos, documentos,en casi todo, para un sentido de identidad.

Así como los alumnos aprenden de mi ( mi personalidad, forma de trabajo, etc) yo también aprendo de ellos (como tratarlos, actitudes, personalidades, ajustar mi enseñanza a como son ellos, etc).

Me baso en mi misma persona, en que funciono en mi, en cómo aprendi por mi mismo tal tema y trato de buscar algo que les guste, que llame su intéres.

Al enseñar les muestro como soy, que me gusta, que no, me muestro ante ellos como una persona, humano con errores, sentimientos y emociones, no me gusta que sientan admiración o que me idealicen, trato de romper esto. En esto creo que cada maestro desarrolla su propio estilo de enseñanza-aprendizaje, no somos iguales.

también creo que como maestros pasamos por etapas, desde nuestra juventud a cuando vamos siendo adultos a hasta llegar a la vejez, y el trato recíproco entre alumnos-maestro cambia.


Al enseñar trato que sean más sociables, no callados, faltos de participación.

Por las circunstancias de la region sacrifico en cierta medida la evaluación de mis materias ( los conocimientos, los exámenes no son muy exigentes, trabajos no muy exigentes, etc) en aras de una formación y cambio de actitud.

Mis materias, las preparo de tal como si fuesen piezas de rompecabezas y voy aplicando según los tiempos disponibles, la disponibilidad-actitud-humor de los alumnos, mi propia disponibilidad( tiempo, dineros, roles, etc).

Busco que se den cuenta de su nivel real, limitaciones, y un cambio de actitud hacia el aprendizaje.

Es importante, aprenderse y llamarlos por sus nombres (aunque sea el de pila) que no son sólo un número en la lista.

También he notado que si les exigo mucho “los reviento”, lloran, patalean, miradas de pocos amigos e inclusive que se den por vencidos, entonces sopeso todas estas variables tratando de buscar un equilibrio.

Que hago todos los días frente al grupo
esto está más difícil de explicar, explicar un día de trabajo:
trabajo los días martes-6 horas, miércoles-5 horas y jueves-6 horas, 17 horas en total, 7 horas en salón y 10 horas en sala de computo.
Veamos, actualmente imparto la materia de software de diseño, submódulo 3 creación páginas web, este semestre ha sido de muchas reuniones, eventos deportivos, suspensión por días festivos, todo esto hizo que sobre la marcha cambiara mi estrategia de enseñanza, los temas a enseñar en esencia son los mismos pero, el cómo enseñarlos cambio según la circunstancias que imperan durante este semestre. (antes hice un balance de las carencias de CBTA104, de los alumnos y de mi mismo).

describiré el día martes que no tengo horas de sala y son 6 horas continuas.
Generalmente fue así:

-dictado de conceptos importantes, su explicación, suelo decirles que comprendan la idea que no se lo aprendan de memoria como periquitos que así se olvida al poco.

-de la entrega de copias de manuales y Cds con material diverso los pongo a leer y que luego participen explicando un tema.

-dinamicas a aplicar que suele ser una (como asesor que soy del grupo)

-dictado de resumen de programas a utilizar explicando como funcionan, para que sirven y entrego copias de imágenes de esos programas.

Más o menos fue así pero, en cada submódulo me manejo de manera diferente ya que al inicio del semestre generalmente son renuentes a participar, a hablar frente a sus compañeros, fácilmente se averguenzan o incluso cierta pena a dirigirse a mi persona (algunos no todos).

Entonces, submódulo, tras submódulo voy tratando de cambiar eso, son en realidad muchas variantes que administrativamente no se muestran en las secuencias didácticas siendo la realidad otra.

La Aventura de ser Maestro

José M. Esteve
Universidad de Málaga
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Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
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La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos. Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Las dificultades
He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras treinta años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio, e, inevitablemente, de las dificultades a sortear.
Identidad profesional
El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor. Las dificultades suelen ser distintas entre los profesores de primaria respecto a los de secundaria.
Entre los de primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie les ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes. Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír. Así, se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación. Pese a que una de las principales tareas a desarrollar en su trabajo será la enseñanza de la lectura y la escritura, muy pocas diplomaturas de maestro incluyen un curso de lectoescritura, mientras que es frecuente que se dediquen cursos enteros al aprendizaje de la fonética.
Por estos caminos, al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, el profesor novato se encuentra con que tiene claro el modelo de profesor ideal, pero no sabe cómo hacerlo realidad. Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. “El choque con la realidad” dura dos o tres años; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos.
En este aprendizaje por ensayo y error, uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del “profesor ideal”; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal. Desde esta perspectiva, si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase? Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, en el que el profesor novato tiene que volver a estudiar temas y estrategias de clase, ahora desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio.
Entre los profesores de secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...)”. En efecto, nuestros profesores de secundaria se forman en unas Facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al Instituto para explicar Geografía e Historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de Ética, se identifica a sí mismo como “medievalista”, ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar Paleografía, Epigrafía y Numismática, Latín y Árabe para acceder a los documentos medievales, y se le ha iniciado en el trabajo de Archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un bario conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. El es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su Tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿por qué le obligan ahora a enseñar Historia General, que no es lo suyo, y, de paso Geografía y Ética? Y, además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la Historia, y que temas claves de su especialidad -como el apasionante tema de su tesina- se despachan con dos párrafos en el libro de texto.
Para colmo, nuestro futuro profesor de secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. ¡Qué duro resulta comprender esto a la mayor parte de nuestros profesores de secundaria y de Universidad! Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos, ¿por qué van ellos a rebajar sus niveles de conocimientos a la mentalidad de treinta adolescentes bárbaros? ¡Hay que mantener el nivel! -gritan exaltados-, y ello significa, en la práctica, que dan clase para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto un grupo de adolescentes.
Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto pasa, necesariamente, por una actitud de servicio hacia los alumnos, por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes... Un viejo maestro me decía que, enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos, en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos. Lo único verdaderamente importante son los alumnos... Esa enorme empresa que es la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos.
Comunicación e interacción
El segundo problema a solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, exigiendo de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción.
Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en este ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpático o hundirnos en el más espantoso de los ridículos. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz... etc.
Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular nuestro ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.
Disciplina
Otro obstáculo serio a superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores. En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el “buen profesor” debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos.
El viejo supuesto, según el cual, “para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido” encuentra en este campo su negación más radical. Entonces, el profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal. Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites.
Contenidos y niveles
Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos asequibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones. Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor
Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar. Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos. Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la Universidad.
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MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1936)
Escritor, filósofo, humanista. Rector de la Universidad de Salamanca. Autor de una extensa obra literaria en la que destacan sus ensayos, en los que analiza la realidad social con una visión crítica y con una fuerte implicación personal. Se le considera uno de los mejores representantes de la Generación del 98. Su enfrentamiento a la dictadura de Primo de Rivera le llevó al destierro.
FRANCISCO GINER DE LOS RIOS (1839-1915)
Catedrático de derecho de la Universidad de Madrid. En 1876 renuncia a su puesto en defensa de la libertad de cátedra y funda la Institución Libre de Enseñanza, la institución educativa más innovadora en la España de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Su Residencia de Estudiantes es el centro clave de reunión y de formación de los mejores intelectuales y artistas españoles del siglo XX.